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Indicadores Ambientales

Líderes y organizaciones religiosas analizaron encíclica del papa

  • El papel de la religión en torno al cambio climático es tan importante como cualquier otro círculo de la sociedad.
  • La secretaria Muhamad dijo que “desde Bogotá vamos a llevar a la Cumbre del Clima en París, una voz latinoamericana llena de reflexión sobre cómo deben ser nuestras nuevas relaciones como personas y como sistema económico y de gobierno para proteger el planeta”.
  • La importancia (de las religiones) se da en la medida en que nos ‘podamos untar’ y nos sintamos responsables de la problemática que vive el planeta.

El clima está cambiando y las razones de ese cambio se atribuyen, principalmente, “a los humanos” y a su “consumismo inmoral”. Esa es apenas una de las reflexiones de la encíclica del papa Francisco “Laudato Si”, cuyo contenido y mensajes convocaron a representantes de diferentes credos religiosos para hablar de la responsabilidad y compromisos ambientales que les compete.

En el encuentro, en el que participaron el diácono permanente de la Arquidiócesis de Bogotá, Alirio Cáceres Aguirre; el escritor y Doctor en antropología, Felipe Cárdenas Tamara; y el sacerdote Franciscano e ingeniero de sistemas, José Eriberto Parra, se analizó el papel espiritual, ético y teológico para enfrentar el Cambio Climático.

Según Felipe Cárdenas, director de Maestría en Educación de la U. de la Sabana, el papel de las religiones debe verse como una “especie de rememoración de quien es el ser humano. Desde las tradiciones apostólicas se recuerda que el ser humano es hecho a imagen y semejanza de DIOS, es excepcional en términos de los seres de la creación o evolución (no hay ningún problema del diálogo entre el magisterio de la religión y de la ciencia), pero le imprime una serie de tareas y responsabilidades, su condición de dignidad especial, que de cierta manera está eludiendo, en el marco de un régimen de producción capitalista, que nos ha dado una cantidad de bienestar material, pero con unas consecuencias ambientales y ecológicas terribles”.

De acuerdo al sacerdote Parra, el papel de la religión en torno al cambio climático “es tan importante como el que juegan los medios de comunicación, las estructuras económicas, etc. La importancia se da en la medida en que nos ‘podamos untar’ y nos sintamos responsables de la problemática que está viviendo el planeta, que atañe a cualquiera”.

Por último, el diácono y ecoteólogo, Alirio Cáceres, afirmó que es necesario “rescatar todo el sentido social, económico y cultural de las instituciones religiosas, su responsabilidad ambiental como factores de multiplicación, de ejemplo, de proposición de alternativas, y el aporte que hacen desde la sabiduría de cada uno de los credos para rescatar la dimensión sagrada, ética y teológica de la creación”.

Agregó que “lo que existe es creación de DIOS y es una casa donde habitamos y tenemos problemas y aspiraciones comunes a pesar de nuestras diferencias, entonces es una invitación a la convivencia, al buen vivir, a la articulación e interacción para lograr objetivos comunes: defender la vida y garantizarla para las próximas generaciones”.

Además se contó con la participación de entidades que apoyan las iniciativas ambientales, como la Oficina JPIC de la Provincia Franciscana de la Santa Fe de Colombia; ña Universidad San Buenaventura; Driada Comunicaciones Ecodiversas (DRIADA ECO); la Mesa Ecoteológica Interrreligiosa de Bogotá D.C. (MESETI) y PLAN E, Plan de Evangelización.

Un encuentro similar pero con mayor despliegue y experiencias, con invitados y expertos internacionales, se cumplirá durante la Cumbre del Clima en Bogotá, que será del 20 al 23 de septiembre. El evento ecoteologico se desarrollará en la Universidad San Buenaventura el 21 de septiembre.

“Desde Bogotá, vamos a llevar a la Cumbre del Clima en París, una voz latinoamericana llena de reflexión sobre cómo deben ser nuestras nuevas relaciones como personas y como sistema económico y de gobierno para proteger el planeta”, recalcó la secretaria de Ambiente, Susana Muhamad.

Y concluyó diciendo que “no hay crisis ambiental sin crisis social, y no hay crisis social sin crisis de conciencia, la misma que se hace necesario recuperar para cambiar nuestra relaciones con el medio ambiente”.


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