En la ciudad hay más de 1.600.000 árboles registrados en el espacio público, según el Sistema de Información para la Gestión del Arbolado Urbano (SIGAU). Son parte silenciosa del paisaje y cumplen funciones esenciales para el equilibrio ambiental y el bienestar colectivo. Sin embargo, la contaminación, los choques vehiculares, las podas inadecuadas o las enfermedades pueden debilitarlos hasta el punto en que su tala se vuelve necesaria, ya sea porque representan un riesgo o porque su recuperación ya no es posible.
Para muchos, ese sería el final de los árboles. Para Miguel Salinas Páez, es el comienzo.
Ingeniero forestal de formación y artesano por vocación, Miguel encontró desde niño en el trabajo manual una forma de relacionarse con el mundo. En 2015 comenzó a especializarse en el sawcarving, o tallado en madera, una técnica que le permite esculpir directamente sobre el tronco con precisión. Su propuesta no busca ocultar la tala inevitable, sino transformarla: convertir el residuo en memoria viva.
Uno de los ejemplos más representativos de su trabajo es ‘Juntanza’, un tótem ubicado en el Eco Parque Ciudad Montes, de la localidad de Puente Aranda. La escultura nació del tronco de un pino pátula que cayó hace un par de años. Lo que pudo convertirse en desecho forestal se transformó en símbolo comunitario.
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Inspirado por las huertas urbanas y por la fauna silvestre que habita el parque, Miguel trabajó de la mano con vecinos y vecinas para definir cada elemento de la obra. En el centro de “Juntanza” aparece la figura de un huertero, con una herramienta en la mano y mazorcas bajo sus pies, representación del trabajo con la tierra. Sobre él se eleva un halcón peregrino, ave que, según la comunidad, sobrevuela ocasionalmente el sector. En la base, una zarigüeya y dos culebras sabaneras recuerdan la biodiversidad discreta que comparte el territorio urbano.
Nada fue impuesto. Cada figura surgió de conversaciones, encuentros y decisiones colectivas. Durante casi un mes, la comunidad acompañó el proceso, participando en tareas como el descortezado y el pulido. Hoy la escultura permanece abierta al público, no solo como pieza artística, sino como punto de encuentro.
En el mismo parque también se encuentra ‘Pal Monte’, otra escultura tallada sobre el tronco partido de un eucalipto gris. Además, Miguel ha intervenido árboles en huertas comunitarias de Puente Aranda y Suba, y próximamente realizará una nueva obra en un colegio de la localidad, donde un árbol deberá ser retirado por razones de seguridad. Su intervención permitirá que este continúe habitando el espacio, aunque de otra manera.
“Los elementos del entorno nos ayudan a mantener los pies en la tierra. Nuestra responsabilidad va más allá de lo que nos exigen. Debemos hacernos cargo de dónde estamos y de lo que tenemos, para así conservarlo. Estas representaciones artísticas buscan abrir el camino hacia ese conocimiento”, aseguró Salinas.
El tallado en madera es, por naturaleza, un arte efímero: el tiempo, la lluvia y el sol transforman lentamente cada pieza. Pero allí reside también su sentido. Las esculturas de Miguel no niegan el ciclo natural; lo acompañan. Rescatan lo que parecía perdido y lo reintegran al paisaje como relato, como identidad y como memoria compartida.
A futuro, sueña con crear una escuela comunitaria de tallado para enseñar el aprovechamiento de residuos forestales y las técnicas del sawcarving, fortaleciendo el vínculo entre naturaleza, arte y comunidad.
Porque cuando un árbol cae, no siempre todo termina. A veces, comienza otra forma de permanecer.
