

La Candelaria fue el lugar donde se fundó Bogotá en 1538 y debe su nombre a una capilla construida en honor a la Virgen de la Candelaria. Sus empinadas calles empedradas, que parecen conducir al cielo, han sido testigos de la historia del país. Mucho antes de que Gonzalo Jiménez de Quesada fundara la ciudad en un valle rodeado de montañas y levantara las primeras construcciones en el Chorro de Quevedo, este territorio fue un lugar sagrado para el pueblo muisca.
Datos de importancia ambiental
De acuerdo con el Plan Ambiental Local de La Candelaria (2025–2028), la localidad cuenta con 7.505 árboles en espacio público de uso público, de los cuales el 45,8 % corresponde a especies nativas y el 54,2 % a especies foráneas.
En materia de jardinería, dispone de 1.378 m² de jardines en espacio público. Asimismo, se identifican coberturas vegetales que abarcan todas las categorías establecidas, las cuales suman 10,85 hectáreas. La mayor proporción (29,15 %) corresponde a la categoría ZVT1, caracterizada por áreas cubiertas principalmente por gramíneas, especialmente pasto quicuyo (Pennisetum clandestinum), que ocupa entre el 80 % y el 100 % de la superficie.


- Red de Guardianes del Camino Ancestral Vicachá: red comunitaria que trabaja en la protección del río Vicachá, realizando recorridos, jornadas de limpieza y procesos de sensibilización.
- Vincúlate al Voluntariado ambiental
- Comisión Ambiental Local: instancia de participación conformada por representantes del sector público y de la comunidad, encargadas de coordinar las acciones ambientales de la localidad. Si deseas participar, escribe al correo lacandelaria@ambientebogota.gov.co manifestando el interés.

- Caminata Ecológica por el Eje Ambiental – Río San Francisco
- Eje Ambiental: la historia del Eje Ambiental de Bogotá se remonta a la época precolombina, cuando el territorio era habitado por el pueblo muisca. En ese entonces, los ríos San Francisco y Fucha, que hoy hacen parte de este corredor ambiental, eran considerados sagrados y recibían los nombres de Siecha y Sutagaos, respectivamente. Para los muiscas, estos cuerpos de agua representaban fuentes de vida y fertilidad. Durante la época colonial, ambos ríos desempeñaron un papel fundamental en el abastecimiento de agua de la naciente ciudad de Bogotá.