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Pinos y eucaliptos: una amenaza para los cerros orientales

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En 20 años la panorámica del pulmón de Bogotá cambiará. Más de 2.123 hectáreas de pinos, eucaliptos y retamo espinoso se talarán para sembrar especies nativas que mitiguen los incendios y la acidez del suelo. El cambio le costará al Distrito y a los propietarios de los terrenos de la reserva forestal $60 billones.

A propósito del día internacional del árbol, la CAR reveló que el paisaje que conocemos hoy de los cerros orientales desaparecerá en 20 años. Los pinos y eucaliptos que aromatizan el ecosistema ya no serán parte de la postal de la ciudad. La decisión quedó en firme con la actualización del Plan de Manejo Ambiental (PMA) que hizo la entidad con aprobación del Ministerio de Ambiente el año pasado. Cerca de 2.123 hectáreas de dichas especies se talarán en la reserva forestal, para frenar los daños que le han causado a los recursos naturales.

A propósito del día internacional del árbol, la CAR reveló que el paisaje que conocemos hoy de los cerros orientales desaparecerá en 20 años. Los pinos y eucaliptos que aromatizan el ecosistema ya no serán parte de la postal de la ciudad. La decisión quedó en firme con la actualización del Plan de Manejo Ambiental (PMA) que hizo la entidad con aprobación del Ministerio de Ambiente el año pasado. Cerca de 2.123 hectáreas de dichas especies se talarán en la reserva forestal, para frenar los daños que le han causado a los recursos naturales.

Así, en las próximas dos décadas, las autoridades ambientales en conjunto con los dueños de los terrenos de la reserva tendrán que sacar de su bolsillo más de $60 billones para cumplir con lo pactado en el PMA: reforestar los cerros con especies nativas como los chuwacá, salvia negro, raque, espino corono y arrayán, para devolverle los nutrientes al suelo que los pinos y eucaliptos le quitaron.

La causa de esta decisión se remonta al siglo XIX, cuando Bogotá inició su expansión y los bosques de los cerros se convirtieron en la despensa de madera de la ciudad, para la producción de pólvora, la fundición de metales y la construcción de viviendas. Los pobladores de la capital acabaron con gran parte del ecosistema. La falta de cobertura boscosa, que afectó severamente el abastecimiento de agua de la ciudad, obligó a entidades del gobierno a arborizar parte de los cerros orientales (Guadalupe y Monserrate), al igual que las orillas de los ríos Arzobispo y San Agustín con Pinos, Eucaliptos, Ciprés y retamo espinoso.

Impactos ambientales:

Para Francisco Cruz, Secretario de Ambiente, las especies que se plantaron hace más de 50 años para reparar los daños que dejó la deforestación, no fueron las correctas. “En su momento, el gobierno que estaba de turno creyó que los cerros se verían muy bonitos si se sembraban pinos como en los bosques europeos, pero no tuvieron en cuenta que este árbol es altamente inflamable y absorbe muchísima agua de las fuentes hídricas, lo que generó fuertes impactos ambientales”.

Pero los pinos no fueron las únicas especies que afectaron los cerros. Según el jefe de la cartera de Ambiente, la siembra de retamo espinoso (plantas invasoras) y de eucaliptos también. Pues, en la temporada de verano estas ayudan a propagar el fuego porque son muy secas y sus raíces tienden a prenderse con facilidad; además inhiben el crecimiento de otros árboles.

En época de lluvias, estas especies tampoco le aportan beneficios a los suelos. Camilo Bello, director de Gestión de Ordenamiento Ambiental y Territorial de la CAR asegura que aumentan la acidez del suelo, propiciando la disminución de las reservas subterráneas de agua y la desecación de los ríos. Además, como no tienen grandes copas, las lluvias caen rápidamente, produciendo un impacto que hace perder toneladas de suelos orgánicos fértiles.

Ante los múltiples daños que ocasionan los pinos, eucaliptos y el retamo espinoso, que ya se evidencian en los cerros orientales, la secretaría y el Ministerio de Ambiente, junto a la CAR se encargarán de reforestar el ecosistema, plantando árboles nativos que ayuden con su recuperación.

De acuerdo con el director Bello, desde el punto de vista técnico, y teniendo en cuenta que en los cerros orientales nacen algunas fuentes hídricas de donde se abastece parte del acueducto de Bogotá, se iniciarán labores de restauración de las áreas potrerizadas y la sustitución de las especies exóticas por flora nativa, cuya funcionalidad contribuirá a la recuperación de las áreas degradadas por acciones antrópicas, interceptación de las precipitaciones y regulación de caudales, conectividad entre parches de bosques naturales, fortalecimiento de nichos ecológicos, captura de carbono, mitigación de procesos erosivos, entre otros servicios ambientales.

Sin embargo, Manuel José Amaya, ex director del Observatorio de Ambiente de Bogotá, asegura que la reforestación no se puede hacer de manera improvisada. Según él, es necesario complementar el proceso con una restauración ecológica a largo plazo, que consiste en reproducir las especies nativas en un invernadero, bajo los parámetros investigados por el Jardín Botánico.

“De ninguna manera la CAR puede emitir permisos a los privados que tienen predios en la reserva forestal para que hagan reforestaciones sin la vigilancia de la Secretaría de Ambiente, ya que la entidad es la única autorizada para vigilar y capacitar estos procesos. De no seguir sus instrucciones, puede ocurrir lo mismo de hace 50 años: que las personas empiecen a sembrar árboles sin saber si estos benefician o afectan el ecosistema”, explicó Amaya.

Para evitar los problemas que sugiere el ex director del Observatorio, el secretario Francisco Cruz reveló que el Distrito está organizando mesas de socialización con las comunidades aledañas a los cerros y con los propietarios de los terrenos para capacitarlos en buenas prácticas de sustitución de especies y recordarles la importancia de no sembrar más plantas invasoras.

Así las cosas, los capitalinos que por años han apreciado el paisaje de los cerros orientales, tendrán que olvidarse de los grandes pinos que los rodean, para darle paso a los árboles nativos que recuperarán la calidad de los suelos, el aire y las fuentes hídricas del ecosistema. Sin duda, en 20 años cuando los bogotanos miren hacia el pulmón más importante de la ciudad, su aspecto habrá cambiado.