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El Acueducto de Bogotá, gestor de la política del agua como ordenador de un territorio que se adapta al cambio climático

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Con el propósito de consolidar la política de ordenamiento ambiental en torno al agua, potenciar el uso sostenible del territorio, cuidar el recurso hídrico y los ecosistemas alto-andinos y mejorar la calidad de vida de sus habitantes, la EAB adelanta varios proyectos en cumplimiento del Plan de Desarrollo Económico, Social, Ambiental y de Obras Públicas para Bogotá D. C. “Bogotá Humana 2012-2016”.

Para materializar esta política, la EAB se ha enfocado en cuatro programas que se articulan de manera integral a fin de generar una conectividad ecológica entre el sistema hídrico de Bogotá y la conservación de los ecosistemas de la región que abastecen a más de 10 millones de personas: la conservación, restauración y uso sostenible de los servicios ecosistémicos de páramos, la recuperación ecológica y participativa de las quebradas, la recuperación ecológica y participativa de los humedales y la evaluación regional del agua.

La conservación de los páramos, un compromiso inaplazable

El territorio comprendido en el sistema de los páramos de Chingaza, Sumapaz, Guerrero y Guacheneque enfrenta diversas amenazas determinadas por las formas de ocupación y los modelos de producción que históricamente lo han moldeado, como lo son el aumento de la frontera agrícola, la pérdida de la biodiversidad y de nutrientes, la contaminación y el desabastecimiento hídrico, entre otros impactos; factores directamente ligados a aspectos socioculturales como el retroceso de la economía campesina, la migración del campesinado a las urbes, el establecimiento de monocultivos principalmente de papa, el desarraigo y la existencia de megaproyectos viales, energéticos, mineros, urbanísticos y agroindustriales que podrían profundizar los conflictos existentes en el territorio e imposibilitar la construcción de un modelo alternativo que garantice su sostenibilidad ambiental.

Frente a estas amenazas, la EAB ha formulado el proyecto “Conservación, restauración y uso sostenible de los servicios ecosistémicos entre los páramos de Sumapaz, Chingaza y Guerrero, los cerros orientales de Bogotá y sus áreas de influencia”, que ha sido financiado desde la Alcaldía Mayor de Bogotá con recursos del Sistema General de Regalías y con contrapartidas de la EAB y la Secretaría Distrital de Ambiente. El enfoque de este proyecto gira en torno a un modelo de gestión integral del agua, que ha implicado superar las desconfianzas y contraposiciones que en ocasiones surgen entre las instituciones estatales y las comunidades u organizaciones sociales y atender requerimientos referidos a los reclamos de la deuda social y ecológica que diversos actores han hecho históricamente al Distrito Capital.

Desde este contexto, y a partir de una visión estratégica centrada en una relación más equitativa y equilibrada entre Bogotá y la región, debe proyectarse a largo plazo, con acciones concretas y decisiones políticas en el inmediato, corto y mediano plazo. Para lograrlo, en el 2013 el Acueducto de Bogotá identificó y priorizó 14 microcuencas, determinó cuatro líneas de acción, formuló 10 estrategias de intervención e inició el trabajo hacia la conservación de los servicios que brindan estos ecosistemas, a través de la implementación de más de 50 procesos actualmente en ejecución. El proyecto cuenta con el apoyo de cinco autoridades ambientales, abarca 22 entes municipales, en una extensión de más de 600.000 hectáreas en las que existen cerca de 110 áreas naturales protegidas, entre las cuales se destacan dos parques nacionales naturales, incluido el páramo de Sumapaz, el más grande del mundo.

La inversión aproximada es de 62.000 millones de pesos, de los cuales el 87% corresponde a recursos que el Distrito asignó, provenientes del Sistema General de Regalías. Dentro de sus acciones de participación, restauración, conservación y usos sostenibles, la EAB ejecuta varias iniciativas en las microcuencas priorizadas:

TURISMO DE NATURALEZA


En comunidades rurales de Fómeque, Guasca y La Calera, el proyecto promueve el turismo de naturaleza, a fin de ofrecer alternativas de producción que mejoren la calidad de vida de las personas que cuidan y preservan nuestros páramos.

ESCUELAS CAMPESINAS AGROECOLÓGICAS (ECA)


Las escuelas campesinas agroecológicas, mediante la formación de líderes comunitarios, permiten difundir el aprendizaje sobre la sustitución de prácticas convencionales y de agroquímicos, que afectan los ecosistemas y las cuencas de los páramos, por prácticas que permiten recuperar el suelo, mejorar la calidad del agua, propagar semillas nativas y favorecer la restauración y biodiversidad del territorio.

MANEJO DE ESPECIES INVASORAS COMO EL RETAMO ESPINOSO


El proyecto adelanta acciones de erradicación y control de especies invasoras, como el retamo espinoso, en municipios como La Calera.

RESTAURACIÓN ECOLÓGICA


En la ronda del río Bogotá en el municipio de Sopó, se han restaurado16 hectáreas y se ha construido un vivero para la propagación de especies nativas y la producción de 10.000 individuos vegetales, en acuerdo con la Alcaldía Municipal, estrategia que busca fomentar la restauración ecológica de la cuenca del río Bogotá.

CONSERVACIÓN DE ESPECIES DE FLORA ESTRATÉGICAS EN EL CICLO DEL AGUA


Se han priorizado los frailejones (Espeletia sp.), por su importancia en la captura y conservación del agua. El ecosistema de páramo que cuente con la presencia de esta especie puede retener hasta un litro de agua por metro cuadrado día.

CONSERVACIÓN DEL OSO ANDINO


La conservación del oso andino, su hábitat y fauna asociada, es vital para este territorio porque se trata de una especie sombrilla que al ser protegida permite preservar otras especies propias de estos ecosistemas.

RECONVERSIÓN PRODUCTIVA AMBIENTALMENTE SOSTENIBLE


Este proyecto busca mejorar las prácticas convencionales de producción que generan impactos negativos en los páramos y en la salud de las comunidades porque brinda alternativas económicas ambientalmente sostenibles y mejora la calidad de vida de los campesinos.

La recuperación de humedales y quebradas forma parte de la gestión integral del territorio en torno al agua

De otra parte, el sistema hídrico de Bogotá se ha visto afectado históricamente por una serie de tensionantes que han amenazado su existencia al punto que solo quedan poco más de 900 hectáreas de humedales de las 50.000 que existieron hasta mediados del siglo XX; asimismo, cerca del 80% de las quebradas de la región han desaparecido, según la Gerencia Corporativa Ambiental de la EAB. Entre las amenazas a estos ecosistemas se encuentran la urbanización informal, el pastoreo de ganado, la contaminación con aguas residuales y residuos sólidos, la agricultura, la deforestación y la pérdida de la biodiversidad.

Por esto, los programas de recuperación ecológica y participativa de las quebradas y los humedales de Bogotá que desarrolla la EAB, como empresa pública comprometida con la sostenibilidad ambiental del territorio, pretenden hacer frente a esta problemática mediante la ejecución de obras e intervenciones que apuntan a reestablecer las condiciones de estos cuerpos de agua, lo más natural posible, a fin de mejorar sus características hidráulicas, sanitarias, ecológicas y paisajísticas de la mano de la comunidad.

En esta titánica tarea, la EAB ha invertido grandes esfuerzos y recursos financieros, con una inversión de $26.819.719.144 y $34.443.372.485 para humedales y quebradas respectivamente, entre el 2012 y el 2015, sin incluir los altos costos de saneamiento predial e hídrico. A la fecha, el Acueducto de Bogotá ha recuperado más de 32 kilómetros de las zonas de ronda y de manejo y preservación ambiental de 22 quebradas priorizadas en el 2012, con la ayuda de las comunidades cercanas a estas. A su vez, realiza intervenciones con mantenimiento y obras de restauración en 11 humedales de Bogotá, lo que le ha permitido alcanzar una meta de recuperación integral de 40 hectáreas para ese mismo período de tiempo. De esta forma, las quebradas y los humedales intervenidos han ido cambiando progresiva y significativamente su aspecto, lo que no solo ha generado espacios para el uso público, la recreación pasiva y la educación ambiental, sino también la restauración de hábitats terrestres y acuáticos, la conservación de especies nativas de flora y fauna y el restablecimiento de las condiciones hidráulicas para la adaptación de estos espacios a las variabilidad climática.

Logros conseguidos gracias a los espacios de concertación que la EAB abrió para definir con las diferentes comunidades los sitios por priorizar e intervenir, a fin de lograr la apropiación social de estos proyectos, que son complejos en la medida que implican obras de saneamiento predial, saneamiento básico, adecuaciones hidrogeomorfológicas, restauración ecológica y manejo paisajístico de las zonas de preservación ambiental, como la generación de espacios para el senderismo y la contemplación. Asimismo, contemplan la implementación de mecanismos de protección, como los cerramientos y la vigilancia, y la realización de monitoreos, seguimientos, gestiones sociales e interinstitucionales, manejo silvicultural y mantenimiento de estos espacios.

La Evaluación Regional del Agua, por su parte, busca conocer el estado y potencial del recurso hídrico en sus cuatro componentes de oferta, demanda, calidad y riesgos asociados a este, es decir, permite definir qué cantidad de agua está disponible en las corrientes, cuánta se necesita según la demanda por usos, en qué se usa y qué riesgos o vulnerabilidades presentan las cuencas abastecedoras, como estrategia de gestión integral del recurso hídrico frente al cambio climático y la variabilidad del clima que, a la vez, genera un sistema de información del recurso hídrico de la región. La inversión total, entre 2014 y 2015, para avanzar en este análisis que posibilita el cálculo de los indicadores de la Evaluación Regional del Agua, es de $4.184.840.187.

Todos estos procesos, que no pasan inadvertidos, han llevado a que los ciudadanos empiecen a ver y a reconocer los resultados, a valorar los esfuerzos de esta entidad y a comprometerse con el cuidado, protección y defensa de estos ecosistemas. Debemos seguir haciendo nuestro mayor esfuerzo, porque lo que está en juego es la vida, el agua. Por lo mismo, hay que hacer un uso eficiente de ella en lo cotidiano y exigir a las futuras administraciones la continuación de estos procesos que buscan gestionar de manera integral el agua, ordenar el territorio alrededor de ella y adaptarnos a los efectos del cambio climático.