Ingresar / Registrarse

¿Cómo afectan los incendios de la Amazonia de Brasil la calidad del aire en Colombia?

Amazonas.
Amazonas.

 

La emergencia ambiental que viene sucediendo en el territorio amazónico brasileño traerá consecuencias a Colombia. La contaminación del aire, los cambios en el ciclo hídrico y la pérdida de servicios ecosistémicos, son algunas.

La Amazonia arde y su riqueza se vuelve cenizas. La voracidad y avaricia de unos pocos, las sentirá todo el mundo, incluyendo las ciudades.

Las grandes urbes no solo se verán afectadas por la reducción del aporte de agua que este pulmón del planeta dejará producir tras la quema de su biodiversidad, sino además por la contaminación atmósférica que generan esta clase de incendios.

El material particulado, también conocido como PM, se encuentra suspendido en el aire y puede viajar incluso miles de kilómetros.

Un estudio realizado por de la Universidad de los Andes demostró, por ejemplo, que es posible que las conflagraciones en la Orinoquía y el sur del país, puedan afectar la calidad del aire de algunas ciudades como Bogotá, Medellín y Bucaramanga, pese a estar ubicadas a más de 1.200 kilómetros de distancia del centro del país, por cuenta de la recarga de humo, hollín y otros contaminantes que son transportados por el viento, que según Ricardo Morales, profesor del departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad de los Andes, es determinante, pues las masas de aire contaminadas pueden viajar cientos de kilómetros y en tiempo récord.

“En el mundo se ha demostrado que el transporte de contaminantes a largas distancias puede ser muy significativo; por ejemplo, el polvo del Sahara haciendo un viaje transatlántico hasta el Caribe, o los incendios de Siberia afectando la calidad del aire en Estados Unidos. Claro está, mientras más lejos sean transportadas estas masas de aire, su impacto sobre la calidad del aire será menor, pues los contaminantes se diluyen lentamente y las concentraciones van disminuyendo a medida que dichas masas viajan”, afirmó el docente, quien agregó que el humo de un fuego voraz tarda solo tres días en llegar al centro del país, dependiendo de la velocidad del viento.

“Cuando un incendio logra cierta altura, el humo asciende a la atmósfera y es transportado a grandes distancias por el régimen de los vientos alisios. Pero no es solo material particulado, una quema emite otros contaminantes como monóxido de carbono y carbón negro y marrón”, aseguró.

Sin embargo, hizó énfasis en que esta clase de afectación es episódica y ocurre con mayor probabilidad entre los meses de enero y marzo, temporada de sequía en Colombia.

El estudio reflejó también que entre 2006 y 2016 hubo más de 400.000 incendios forestales en la Orinoquía colombo-venezolana y que esas quemas representaron el 11% de las variaciones anuales de CO para Bogotá.

Otro estudio adelantado por la Universidad Nacional demostró que los centros poblados más cercanos a la Orinoquía recibieron un mayor impacto por cuenta de los incendios. Los investigadores monitorearon el aire de Arauca y Yopal en época de conflagraciones y los resultados fueron sorprendentes. Se encontraron concentraciones superiores a los 100 microgramos por metro cúbico de material particulado, un valor tres veces mayor a los que disparan las alertas en Bogotá.

Luis Belalcázar, docente e ingeniero químico de la Nacional, explicó que los incendios forestales en Brasil eran comunes hacia mediados de año, una época en la que los vientos venían desde el sur del continente. “Sin lugar a dudas, estas quemas afectan la calidad del aire de la parte baja de Colombia, aunque creo que los contaminantes no alcanzan a llegar hasta el centro del país”, dijo a Semana. 

Argumento que compartió Morales, quien sostuvo que dada distancia de las grandes ciudades del país con la zona donde se vienen registrado los incendios en Brasil (más de 2.000 kilómetros), el impacto será mucho menor que el experimentado por urbes como Sao Paulo, que está enfrentando una severa crisis de calidad del aire por cuenta de las llamas en la Amazonia.

“Dada la gran magnitud de esta temporada de incendios y la extensión de los mismos, es concebible que estas masas de aire puedan viajar hacia Colombia, pero muy débiles, según el monitoreo remoto con satélites que muestran que esto está ocurriendo”, apuntó.

orge Bonilla, ingeniero forestal y Ph.D. en economía, anotó que los incendios incidían en la comtaminación de las ciudades, pero no eran el principal factor, al señalar que el uso de combustibles fósiles en camiones, buses, motos, etc., así como en las chimeneas de las industrias, eran la principal causa.

“El impacto de las conflagraciones no es de gran magnitud, a menos que fueran permanentes, muy cercanos y duraran mucho tiempo”, manifestó Bonilla, quien advirtió sobre las implicaciones a la salud que el material particulado puede generar, ya que según la Organización Mundial de la Salud (OMS) este es el contaminante atmosférico más perjudicial.

 

Otras consecuencias:

A la contaminación del aire hay que sumarle otros efectos que la deforestación de la Amazonia de Brasil puede conllevar. La parte del bioma amazónico que posee Colombia (40%), junto a Bolivia, Perú, Venezuela, Ecuador, Guyana y Surinam, también se encuentra en riesgo. Esto por cuenta de que gran parte de las zonas que el presidente Jair Bolsonaro pretende habilitar para la explotación agrícola, ganadera, minera y energética se ubican en este bosque, del que el país ‘carioca‘ posee el 60% de su área total.

“Los ecosistemas son continuos, no están limitados en las fronteras, entonces si de un lado van a extraer o explotar recursos naturales, a nosotros igual nos va a afectar”, indicó Martin von Hildebrand, etnólogo y antropólogo, quien considera que cualquier intervención que avale el gobierno de Brasil en su frontera puede traer consecuencias para Colombia.

“Así como los ríos nacen aquí y desembocan allá, allá nace el vapor y llega acá por medio de las nubes, eso quiere decir que toda el agua que baja se devuelve, entonces si comienzan a deforestar eso nos afecta a nosotros por cuenta del ciclo hídrico”, apuntó.

Se teme, además, que por el aumento de la tala de árboles en la Amazonia, para el año 2050 mucha de su capacidad forestal haya desaparecido definitivamente y se incremente el tráfico de flora y fauna, poniéndose en riesgo las especies que se han podido conservar y recuperar hasta ahora en el bioma.

“Dentro de todos los servicios ecosistémicos globales que tiene la Amazonia, uno del que poco se habla es el de guardar el stock de carbono para evitar su emisión a la atmósfera. Si perdemos esa capacidad habrá consecuencias importantes para el tema de regulación de clima, agua y el aporte de líquido al planeta”, explicó Luz Marina Mantilla, directora general del Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (Sinchi).