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Cárcel y millonarias multas por vender musgo en Navidad

Sanciones por Venta de Musgo en Navidad.
Sanciones por Venta de Musgo en Navidad.

Las personas que comercialicen o extraigan musgo, líquenes, chamizos o barbas de viejo podrían pagar hasta 3.500 millones de pesos y pasar nueve años tras las rejas. Habrá operativos en las plazas de mercado y establecimientos que venden adornos navideños.

Los cerros orientales bogotanos, una cadena montañosa con más de 14.000 hectáreas que embellece el panorama de localidades como Sumapaz, Usme, San Cristóbal, Santa Fe, Chapinero y Usaquén, fueron durante décadas la principal despensa navideña de los habitantes de la capital del país.

Todos los años, al finalizar noviembre, centenares de personas se adentraban en lo profundo del bosque para buscar algunas especies de la flora nativa que les sirvieran como elementos decorativos para la época decembrina, o simplemente para venderlas en sitios como las plazas de mercado o en las faldas de los también llamados cerros tutelares de Bogotá.

Los chamizos, esqueletos de árboles ya secos y con una que otra hoja en las ramas, eran cortados a punta de machete para luego convertirlos en árboles de Navidad. Algunos ciudadanos utilizaban aerosoles con pintura verde para darles un aspecto más vivo. Las bolas rojas y amarillas y las luces de todos los colores eran su principal compañía.

Para adornar el pesebre, una réplica a menor escala del pueblo de Belén, los bogotanos hacían uso del musgo, material vegetal que cubre las rocas y el suelo de los cerros orientales, además de los líquenes y barbas de viejo que cuelgan de las ramas de los árboles.

Aunque con el paso del tiempo esta práctica que atenta contra los recursos naturales ha perdido impulso y acogida en Bogotá, y le ha dado un respiro a la Reserva Forestal Protectora Bosque Oriental, algunos ciudadanos persisten en arrancarle los “vestidos” naturales a los cerros para comercializarlos.

Por eso, desde hace 24 años la Secretaría Distrital de Ambiente (SDA) trabaja en una estrategia para la prevención y control del tráfico ilegal de estas especies silvestres, las cuales son extraídas de los cerros y otras zonas de importancia ecológica en la época de fin de año.

La campaña ‘Navidad sin musgo’ busca concientizar a las personas para que no realicen la decoración de pesebres y adornos navideños con musgos, barbas de viejo, líquenes y chamizos, además de capturar a los ciudadanos que comercialicen o movilicen este tipo de especies.

“Hacemos un llamado especial a todos los ciudadanos para que en estas fiestas decembrinas respeten y protejan los recursos naturales, evitando la extracción y comercialización de estas plantas que se ven amenazadas durante la época de Navidad”, informó la SDA.

 

Garrote y zanahoria:

Durante los últimos días de noviembre y todo el mes de diciembre, la SDA realizará actividades de sensibilización y educación ambiental con los habitantes de localidades como Usme, San Cristóbal, Chapinero y Usaquén, sitios predilectos para extraer musgo y otras plantas nativas.

Además, la entidad, con el apoyo de las autoridades policivas, pondrá en marcha operativos de control para prevenir la extracción, movilización y comercialización en lugares cercanos a los cerros orientales, plazas de mercado y establecimientos donde venden la decoración de la Navidad.

Aquellas personas que sean sorprendidas traficando estas especies podrían pagar hasta 3.500 millones de pesos, según lo establece la Ley 1333 de 2009.

Además, de acuerdo con el Código Penal, los depredadores de los cerros orientales podrían pagar entre cuatro y nueve años de prisión, además de multas de hasta 35.000 salarios mínimos mensuales legales vigentes.

“Durante los últimos tres años hemos podido identificar una disminución significativa en la extracción de musgo y las otras plantas. En lo corrido de esta administración, es decir desde 2016, hemos incautado nueve bultos de musgo, material equivalente a 90 kilogramos”, apuntó la entidad ambiental.

Desde 1995, cuando inició la campaña, la Secretaría de Ambiente ha decomisado cerca de 1.100 bultos de musgo, líquenes, quiches, lamas y barbas de viejo.  El año más crítico fue 1997, con un total de 257 bultos.

 

Musgo, de vital importancia:

Según la SDA, el musgo cumple funciones específicas dentro de los ecosistemas que rodean a la capital del país, entre estas el actuar como regulador en el ciclo hídrico, ayudar a la formación del suelo y retener el agua para luego dosificarla en las épocas de sequía. 

En Colombia hay identificadas más de 970 especies de musgo, pertenecientes a 260 géneros diferentes. Alcanzan en promedio 50 centímetros de altura y crecen en todas las regiones del país.

En Bogotá habitan en los cerros orientales y zonas rurales de Sumapaz, Usme, San Cristóbal, Chapinero y Usaquén. El musgo retiene gran cantidad de agua, enriquece la tierra y prepara el sitio para la invasión de plantas superiores.

La remoción y extracción del musgo desequilibra el ciclo hidrológico, contribuyendo a la disminución del agua y de la microfauna, desprotección, desertificación y erosión de los suelos, reducción de la biodiversidad y deterioro del paisaje.

Por su parte, los líquenes habitan en zonas alto andinas y de páramo, sobre roca, suelo, agua, materia orgánica en descomposición, chamizos y hojas de árboles. Forman cojines que retienen agua y someten a las rocas a procesos de transformación, hasta convertirlas en suelos juveniles. En Colombia hay cerca de 800 especies de líquenes.

 

La vulnerabilidad de los cerros:

Los cerros orientales, también llamados como Reserva Forestal Protectora Bosque Oriental, son una cadena montañosa con más de 14.000 hectáreas que facilitan la conexión regional con los Parques Nacionales Naturales de Chingaza y Sumapaz.

Sus rocas, de origen marino y continental y con edades que oscilan entre el Cretáceo y el Paleógeno, convierten la zona en un área de recarga de acuíferos, en especial los cerros de Guadalupe, Monserrate y las zonas de piedemonte.

Estas montañas bogotanas albergan más de 400 especies de flora de 29 tipos, entre bosques, rastrojos, matorrales, vegetación de páramo y cordones riparios.

La vegetación en mejor estado de conservación está en la vereda de Torca y las cuencas de las quebradas Contador y Chicó (en norte de la reserva). Sin embargo, algunas áreas ya están gobernadas por plantaciones forestales exóticas, como el retamo espinoso, pino y eucalipto.

En los cerros han sido identificadas 119 especies de aves (colibríes, mirlas, golondrinas y torcacitas), 18 de mamíferos (murciélagos, comadrejas, chuchas, conejos, ratón de páramo, musaraña, guache y curí), nueve de anfibios y cinco de reptiles.

Según la SDA, la reserva ha sido históricamente afectada por los procesos de expansión urbana. Hacia el norte hay una fuerte intervención humana por el desarrollo de las actividades mineras. “El riesgo por incendios forestales está latente en los meses de enero, febrero, julio, septiembre y octubre”.